Según ONU Mujeres, la igualdad de género no significa que hombres y mujeres deban ser tratados como idénticos, sino que el acceso a oportunidades y el ejercicio de los derechos no dependan del sexo de las personas.
La igualdad de género, además de ser un derecho humano fundamental, es imprescindible para lograr sociedades pacíficas, con pleno potencial humano y capaces de desarrollarse de forma sostenible. Además, está demostrado que el empoderamiento de las mujeres estimula la productividad y el crecimiento económico.
Las desigualdades históricas que han enfrentado las mujeres en este sentido siguen teniendo impactos intergeneracionales que alcanzan a la niñez actual. La realidad sigue evidenciando que niñas, adolescentes y mujeres en su diversidad enfrentan aún hoy mayores desventajas por razón de su género.
Eso impide que se avance en el goce de condiciones de igualdad y en construir nuevas relaciones sociales y entornos saludables y justos para niños, niñas y adolescentes.
En el ámbito laboral, las causas detrás de la desigualdad de género están enraizadas en los roles y estereotipos de género que la misma sociedad ha impuesto a través de los años.
Algunas de las causas más comunes son:
Los estereotipos de género son aquellas ideas y creencias comúnmente aceptadas en la sociedad sobre cómo deben comportarse hombres y mujeres y qué se espera de cada uno de ellos.
Estos estereotipos hacen que no se tenga en cuenta a las mujeres para determinados puestos de trabajos o profesiones, se espere de ellas que también se hagan cargo total del cuidado del hogar y los hijos, etc.
Pese a los avances en el de tema de la corresponsabilidad en el hogar, los estereotipos influyen a su vez en cargar mayoritariamente a la mujer con el cuidado del hogar y los hijos o familiares dependientes, pues se espera que sean ellas las que se hagan cargo totalmente de estas tareas, especialmente cuando por motivos económicos, no se pueden contratar servicios externos para ello.
Esto lleva a que las mujeres sean quienes más reducciones de jornada soliciten, lo que repercute en la desigualdad salarial.
Se considera que las mujeres tienen menos capacidades para liderar que los hombres y, en caso de tener familia, se presupone que no dedicarán a la empresa el nivel de atención necesario (al contrario que con los hombres, cuya paternidad se valora de forma positiva dentro de la empresa).
Los estereotipos de género siguen siendo relevantes, porque en muchas ocasiones son el causante de que a las mujeres se las proponga menos para ascensos a puestos directivos, de toma de decisiones o de representación dentro de las organizaciones.
Hasta hace poco tiempo, la perspectiva de género no se tenía en cuenta en el desarrollo de las políticas de empleo de las Administraciones, por lo que estas reproducían las desigualdades de género.
Este factor ha cambiado y actualmente, sí se aplica la perspectiva de género precisamente para conseguir que muchas de las desigualdades presentes en el ámbito laboral empiecen a reducirse y desaparecer, así como la aprobación de nuevas normativas enfocadas a acabar con estas desigualdades.
Promover la igualdad de género es un aspecto crucial para garantizar una sociedad justa e integradora.